El 19

Todos queremos ser ella

A Olga

Obsesión Soñada

Las contradicciones de la vida




 

 

La insoportable levedad del ser

¿Podría haber sido ÉL? Seguramente sí y aunque no me di cuenta en aquel momento, ahora con el paso del tiempo lo veo como una posibilidad clara y real. Pero ya de nada sirven los lamentos y sé que tendré que soportar la carga de no saber y no vivir lo que pudo haber sido.

No recuerdo su nombre ni dónde vivía o qué era lo que le gustaba. Pero sí puedo rememorar claramente sus ojos que eran intensamente oscuros, de tal profundidad que parecían leer mi alma en tan solo dos pinceladas. Su mirada trasmitía las virtudes que siempre consideré como las máximas de una buena mirada: Poder, serenidad, admiración y confianza. En él todas se reunían, lástima que lo olvidara. También recuerdo su voz que era dulce y pausada, integrante, conciliadora, amable, varonil y muy humana. Solo crucé con él cuatro palabras aunque solía escuchar como adulaba a su amada.

Coincidí con él hará unos cinco años en una empresa en la que trabajé como recepcionista durante unos meses. Su novia era una de mis compañeras, una tal Marta. Jamás pude entender que podría haber visto en ella, pues no la recuerdo con ninguna virtud especial, si no más bien, me parecía una persona tosca, egoísta, interesada, que solía mirarme con remilgo sin saber exactamente porqué, pero lo cierto es que nunca sentí hacia ella ninguna confianza. Tampoco llamaba la atención por su belleza o su personalidad. Simplemente me parecía insulsa, sin ninguna gracia.

Él en cambio me parecía un chico guapo, agradable, pero sobre todo me encantaba como la hablaba y trataba. Creo recordar que era informático y cada vez que entraba o salía la lanzaba una de sus miradas y su sonrisa sin duda delataba el enamoramiento que sentía hacia Marta. Sin embargo ella siempre pasaba y nunca la vi feliz ni ilusionada. ¡No podía entenderlo! Estuve presente en algunas de sus conversaciones y sin duda era claro que no pegaban nada. Yo le entendía tanto a él y tan poco a ella, que sólo pensé que cupido no había acertado y había lanzado la flecha a la persona equivocada.

Pero lo que realmente me llamó la atención de él, lo que hizo que hoy le recordara y que descubriera que fue mi imago en la nada, fue cuando vi el libro que le regaló a Marta. Era el libro, que siempre hubiera deseado que un hombre me regalara. Cuando ella abrió el regalo y lo vio, sé con total seguridad que no le gustó. Simplemente lo ojeó y mientras lo hacía pude ver que estaba dedicado, de lo cual ella ni siquiera se había percatado.

Era la "Insoportable levedad del ser" de Milán Kundera. En sus páginas yo había descubierto la auténtica belleza de lo perfectamente definido. Dejarme por favor que os embalsame con sólo algunas de sus palabras: "¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero por qué nos da también vértigo en un mirador provisto de una vaya asegurada? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados". ¿Y qué tal está otra de sus muy acertadas definiciones?: ¿Qué es la coquetería? Podría decirse que es un comportamiento que pretende poner en conocimiento de otra persona que un acercamiento sexual es posible, de tal modo que esta posibilidad no aparezca nunca como seguridad. Dicho de otro modo: la coquetería es la promesa de coito sin garantía." Y por último recuerdo con qué sensibilidad distinguía entre el deseo de hacer el amor con una mujer y el de dormir con ella: "Dos pasiones no solo distintas, sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con una única mujer)".

Lo leí en un momento muy especial para mí, quizás de los mejores que he tenido. Fue cuando se empezaron a abrir las cárceles mentales en las que había estado sumida, cuando acababa de regresar de mi cuento de hadas que había vivido en 43 semanas, cuando creía haber rozado unos instantes de felicidad y entonces regresaba al sinsabor del despertar de mi sueño para darme cuenta de que quizás todo había sido una farsa. Pero conseguí con un montón de pequeñas cosas florecer de la nada, entusiasmarme de nuevo, sentir todo como un cuento en el que pasan cosas buenas y malas y seguir adelante y no solo recuperarme, sino también aprender de mis errores y engrandecerme. Y en eso sí, en eso sí, Kundera, sin tú saberlo, tú también me ayudabas.

Pero volvamos a la figura antes mencionada. Mi imago, mi hombre ideal realizado. Sí, en tan solo unos días que te conocí ahora veo que aquello que ahora busco entonces lo atisbe, pero como tu vida estaba ocupada y te vi tan cegado, nunca quise interferir en una historia que no me pertenecía. El último día de trabajo cuando me fui a despedir te vi por última vez y note tu mirada mucho más apagada, pero no te pregunté nada, no tenía tal confianza. Entonces alguien me comentó que te había dejado Marta.

Me da pena y rabia porque sé que en un efímero momento puede encontrarse todo aquello que buscamos y estoy segura de que mi intuición no me delataba. Pero no hubo ninguna casualidad que nos uniera, no pasó nada. Como decía Kundera: "¿un acontecimiento no es tanto o más significativo y privilegiado cuantas más casualidades sean necesarias para producirlo? Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días es mudo. Sólo la casualidad nos habla (...) Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia él desde el primer momento".

Pero no, con nosotros no se juntaron encuentros casuales, no se produjeron coincidencias y quizás por eso, porque quien mueve nuestros hilos nos los puso cerca para que se enredaran, quizás ya no te encuentre nunca, quizás eras tú… Y me quedo con la carga de saber que te tuve cerca pero que ya no te tendré. Y aunque pese sobre mí siempre esa carga, aunque lo sepa, la quiero y revivo con ella, porque como Kundera contaba "la carga más pesada es la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será" "La ausencia absoluta de carga, hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real solo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes".

Gracias Kundera, ¡! Soportaré bien esa y cualquier otra carga...!!

Madrid. 18 de Diciembre de 2003 S. ALONSO