A
Olga
Siempre ibas corriendo pero nunca llegabas a tiempo. No
sabías exactamente porqué ocurría,
qué era lo que hacías mal. Pero siempre se
veía a lo lejos tu imagen pizpireta y desgarbada
intentando alcanzar el tren. Pero nunca lo conseguías
y aunque empezabas a perder la ilusión, en el fondo
no desesperabas.
Aquel día era uno como otros, nada especial hacía
presentir lo que ocurriría. Otro día más
sumida en la rutina cotidiana, sin noción del tiempo,
dejándote llevar por los acontecimientos del momento,
cuando de pronto a las 17:17 hora local de Madrid, las 03:03
en Tokio, las 06:06 en Los Ángeles, las 20:20 en
Moscú, casi como una aparición, el tren se
dispuso delante de ti con una suavidad tal, que parecía
hubiera estado parado por siglos únicamente esperando
tu llegada. En el mismo instante en que diste el último
paso la puerta se abrió ante ti como si se hubiera
activado un sensor que reconociera tu presencia y te invitaba
a traspasarla. Era como si de pronto todos los elementos
y fuerzas del universo se hubieran unido al unísono
para hacerte sentir la protagonista de la historia.
Por fin después de muchos años se te abría
la puerta de un nuevo trabajo, una nueva vida, un nuevo
domicilio. Te mandaban a la costa como directora de una
productora y en ese momento te sentías dueña
de tu destino. Tu mente no paraba de imaginar los parajes
a los que llegarías, la nueva gente a la que conocerías,
las experiencias tan intensas que te estaban esperando.
Y al mismo tiempo pensabas cómo reaccionarían
tus amigas, tu ex amante, tu amante, aquel de quien te enamoraste,
tu familia, tus conocidos, tus antiguos jefes…cuando
supieran que sí, que esta vez sí lo habías
cogido a tiempo y no lo ibas a dejar escapar.
El encuentro con el abismo de lo inexplorado, la tentadora
y cegadora apertura de un nuevo camino en tu vida te producía
sentimientos contradictorios: mezcla de alegría y
emoción por lo ansiado del momento, por saber que
ahora alcanzarías a llegar a sitios y lugares desconocidos
de los que habías oído hablar pero no habías
tenido ocasión de experimentar, mezclado al mismo
tiempo con un temor intenso pero dulce ante lo imprevisto
y lo desconocido.
Tu cabeza casi de forma inconsciente imaginaba en un solo
instante todos los cambios que se te iban a presentar a
partir de aquel momento. El giro de 180 grados que imaginabas
ocurriría a velocidad de vértigo, te hacía
sentir como aquél que ha encontrado su barca con
la que cruzar el inhóspito y desconocido río.
Al mismo tiempo mirabas con ternura lo que dejabas a la
otra orilla, la gente que te quiere y que siempre te apoyó,
tal y como eras, queriéndote como única, sin
ser nadie especial al mismo tiempo. Pensabas que al cruzar
la orilla no sólo te alejabas de lugar y situación
sino también de ellos. Pero Olga querida, no sabes
que las almas vuelan más lejos que ningún
ave y que allí donde estés siempre habrá
una parte de nosotros. Y conocerás a otra gente y
vivirás nuevas experiencias y circunstancias que
te engrandecerán. Otras por el contrario te devolverán
de nuevo a la banalidad de la existencia. Pero Olga, si
eso lo compartes, lo viviremos juntas y lo disfrutaremos
tanto como hemos hecho en innumerables momentos y así
nos llegará a cada una hasta el más mínimo
reflejo de algunos de nuestros triunfos y mejores momentos.
Eran las 17:17 hora local de Madrid, las 03:03 en Tokio,
las 06:06 en Los Ángeles, las 20:20 en Moscú
y en ese minuto tan efímero y tan interminable al
mismo tiempo, Silvia daba el sí quiero en la catedral
de Toledo, el azul tenue se había tornado intenso
demostrándole a Naiara, su estado de buena esperanza,
Eva estallaba de emoción al comprobar que los números
de su boleto coincidían con los premiados en la Lotería,
Mayte por fin había sentido un remolino de emoción
incontenible cuando se reencontró con Pablo después
de tantos años y de tan larga espera, Lydia escuchó
su primer te quiero, las lágrimas salieron a raudales
por los ojos de Cristina al ver como su perro la reconocía,
Gebeve vio como su siembra renacía de la nada, a
Alfredo le llegó la inspiración para escribir
los compases de una fantástica sinfonía, Charles
abandonó su acomodada vida para lanzarse hacia aquello
que siempre deseó y Enrique por fin comprendió
el sentido de la vida...
Olga, por primera vez desde hace mucho tiempo el tren se
ha parado en tu estación, la estrella fugaz ha seguido
tu mirada, la pluma cayó en tus manos, encontraste
el trébol de 4 hojas… Estos instantes, estos
precisos instantes de emoción intensa, son sólo
tuyos, vívelos tanto como puedas, porque también
en ese mismo momento, en ese fatídico minuto, las
17:17 hora local de Madrid, las 03:03 en Tokio, las 06:06
en Los Ángeles, las 20:20 en Moscú, mientras
la mayor parte de la humanidad ni siquiera era consciente
de el tiempo, Andrew supo que tenía Sida, Belén
fue arrollada por un autobús, Mohamed exhalaba el
último aliento, Jacinto pilló a su mujer con
su mejor amigo, Gisela se marchó a dormir por última
vez bajo el influjo de más de 40 pastillas, una bomba
cayó en mitad de la explanada y acabó con
toda esperanza de Graciella, Jin Xu moría desangrada,
María lloraba, 1.001 parejas se separaban, 130 mineros
perecían bajo tierra, más de 15.000 niños
morían de hambre en Ruanda, el vendaval acababa con
los sueños de la casa recién comprada, José
le dijo a Ryan que ya no le amaba…
La vida no es fácil Olguita y tú lo sabes.
Y si luego descubres que no, que el trébol no era
de 4 hojas, que era de 3, o que el mar que tanto ansiabas
ahora te ahoga, o que la soledad te rodea ante lo desconocido,
o que la lágrima de emoción se ha tornado
en rabia, o que aquello que tanto idealizaste se ha trasformado
en rutina... cuando tengas esos momentos… túmbate
en la arena fría de la noche estrellada y cuando
veas la estrella más grande pasando de volada, piensa
que somos nosotros, que estamos ahí, llevándote
nuestra energía y nuestra magia haya donde vayas.
Felicidades Olga ¡Disfruta de tu nuevo trabajo y
tu nueva vida ¡
Madrid. 1 de diciembre de 2003 S. ALONSO
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