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El
19
Obsesión
soñada
A
Olga
La
insoportable levedad del ser
Las
contradicciones de la vida
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Todos
queremos ser ella
No puedo evitar escribir acerca de Letizia Ortiz, de quién
se escribirán ríos de tinta, porque ella ejemplariza
como nadie el sueño de toda mujer, y no porque llegará
a ser reina, que en el fondo es una tarea destinada a unos
seres únicos y muy especiales, sino porque ha conseguido
trascender su propia y ya alta condición. La mayor
parte de la humanidad lleva inherente el deseo de ser más,
de llegar más arriba, de sentir que progresa, y ella
lo ha conseguido en el más alto grado. No sólo
por dónde ha llegado, sino porque además lo
ha conseguido, no únicamente por su imagen o su trabajo,
o por estar en el momento y el lugar adecuados, sino que
ha llegado allí por amor, por el amor de un príncipe...
¡el amor romántico en su máximo exponente!.
Letizia, mujer con independencia, inteligencia, humanidad,
juventud y belleza... ¡Qué mejor marco para
todas esas virtudes que el del enamoramiento de alguien
a quien admiras, a quien respetas, y a quien prácticamente
toda la sociedad considera de la más alta estirpe!.
Pienso en lo que supondrá eso para ella, que estará
exultante de felicidad, por sentirse la protagonista del
cuento de hadas que todos hubiéramos querido escribir...el
sueño de todo romántico...enamorar a quien
será rey.
Pero este alto encumbramiento de una persona, me incita
inevitablemente a pensar en tantas y tantas miles de mujeres,
que no quieren ser reinas, sino simplemente alcanzar alguno
de sus objetivos en la vida, aunque solo sean de una parcela
de la misma, y que una y otra vez se estrellan con la misma
piedra, con algún obstáculo que muchas veces
no solo no les impide ascender, sino que les hace retroceder.
No creo en la mera causalidad, no creo que un esfuerzo llegue
siempre a su fin, o que una siembra siempre de frutos. La
mayor parte de las veces son factores ajenos a nosotros
mismos lo que nos hace destruir nuestros objetivos vitales,
nuestra cosecha: la lluvia, la nieve, la sequía,
los elementos naturales, los insectos, las plagas, la acción
de las máquinas o de aquellos que de forma malintencionada
desean acabar con todo lo vital y floreciente. Y este canto,
amigos, estas líneas van dedicadas a todos aquellos
que sufren el castigo de Tántalo. Todos y todas aquellas,
que a lo largo de su vida se han visto rodeadas de oportunidades
excepcionales para poder trascender y dar mayor sentido
a sus vidas y que cuando prácticamente ya estaban
sintiendo, paladeando aquello que tanto deseaban, de pronto
se ha esfumado, sin poder hacer nada por remediarlo.
Me imagino la vida como una gran montaña que hay
que recorrer, y allí precisamente en la cumbre se
encuentran todos los placeres que el hombre pueda alcanzar.
Muchos de nosotros ni siquiera tendremos la posibilidad
de subir porque no disponemos de los mínimos medios
necesarios, ni del entrenamiento físico adecuado,
o la naturaleza no nos ha dotado con suficientes músculos
capaces de hacernos ascender, con lo cual en el momento
en que lo intentamos estamos condenados a fracasar. La mayor
parte de la humanidad se encuentra así, miles de
millones de personas en el mundo no disponen de los medios
o de la sabiduría para saber como alcanzar su cima.
Otros ni siquiera saben que existe la posibilidad de esa
montaña y por ello viven en los prados de la ignorancia
completa de sus posibilidades y capacidades. Dentro de su
ignorancia también está su felicidad, ya que
en ellos no existe ese constante deseo de lucha por una
meta inalcanzable y ni siquiera se esfuerzan por llegar
a ella, entonces viven más su presente, su momento,
y su territorio, y allí pueden encontrar una pseudofelicidad.
Disfrutan de lo que tienen y de lo que ven a su alrededor,
hasta que otro "montañero" pasa y le dice
que allí arriba pueden encontrar mucho más
de lo que ellos pudieran imaginar…He ahí el
gran fracaso, la gran penuria, el hacerles despertar de
ese sueño y crearles la inquietud, de saber a ciencia
cierta, que sólo algunos, los más privilegiados
lo podrán lograr.
Otros sin embargo, desde su propio nacimiento no se encuentran
en el valle sino que han conseguido ascender hasta un nivel
desde donde su horizonte se amplía y son capaces
de disfrutar de la brisa, de la belleza de los paisajes
y de las múltiples riquezas que se encuentran a su
alrededor. Pero de pronto levantan la mirada hacia arriba
y la cumbre aparece a lo lejos en una enorme lejanía,
y su imaginación les hace pensar de forma continua
en cómo poder llegar allí, cómo poder
alcanzarlo. Cada uno ve una determinada parte, cada uno
se impone un objetivo, pero éste siempre es inabarcable,
es decir la montaña no tiene FIN, es infinita, porque
nuestros deseos nunca acaban y siempre queremos más.
Algunos, como yo, nos fijamos nuestros objetivos en la
vida desde un inicio, parecen como si estuvieran intrínsecos
en nuestros genes y creemos que SOLO buscamos ese algo,
o que por lo menos nos sentiremos satisfechos si somos capaces
de alcanzar la meta que figura en nuestro subconsciente.
Qué felices los privilegiados que carecen de la inquietud
del inconformismo y son capaces de disfrutar plenamente
de aquello que poseen. Muchos otros sin embargo, no pueden
evitar mirar arriba y se sienten incompletos por no poder
llegar allí... pero ¿por qué algunos
sin desearlo, casi sin buscarlo, lo tienen a su lado y por
qué otros luchan y solo caen, o cuando lo consiguen
una avalancha los hunde en el foso más profundo?
¿Qué será? ¿Cuál será
la clave para obtenerlo? ¿Destino, azar, karma, acciones,
suerte, más empeño, más dedicación?...
¿Y si Letizia no hubiera asistido a aquella cena
en la que le conoció? ¿Y si su vida hubiera
sido plena profesionalmente pero nunca hubiera conocido
el amor o se hubiera conformado con algo mediocre? ¿Quién
accionó esa tecla? Sé que es una pregunta
que desde siempre muchos se han hecho. Pero ella también
podría haber sido yo... soy española, del
norte, también rubia con ojos verdes, periodista,
nacimos el mismo año y estudiamos en la misma clase...
la trayectoria de cada una fue absolutamente distinta...pero
¿realmente creen ustedes que fue sólo ella
y su actitud la que condicionó su destino?
Madrid. 3 de noviembre de
2003 S. ALONSO
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