La obra de Conde exige mirar, como las vidrieras a las que se asemeja, formalmente. Una luz invade el vidrio colorista de las catedrales, igual que el colorido invade los cuadros de este artista. El espectador se siente atrapado por la atmósfera resultante de la luz coloreada. La pintura de Alejandro Conde rodea con un impacto brillante y poderoso; impacto que produce en el espectador los olores, los aromas, las tierras, los sabores y el color de las cosas. |