Suicidio y camaradería
Mientras el Episcopado español con Rouco Varela
al frente se decide, por fin, a condenar el terrorismo
de ETA sin ambigüedades y con la misma rotundidad,
al menos, con que el clero errehachenegativo lo defiende,
la otra pieza del statu quo vasco que siempre le ha dado
cobijo, el PNV, vuelve a tenderle la mano. Eso sí,
asesorado por Setién.
Conviene recordar que le ha tendido la mano durante todo
el proceso de ilegalización de su brazo político.
Eso es lo más importante: los destellos del espíritu
de Lizarra, que por supuesto aún está muy
vivo. Pero hay episodios puntuales, desgraciadísimos,
que también se prestan a la camaradería.
Como el suicidio del criminal Ramón Gil Ostoaga,
a quien la juez Ruth Alonso acababa de dar la libertad
condicional cuando tan solo había cumplido 13 de
los 298 años a los que fue condenado. Sobre la conciencia
de este gudari pesaban varios asesinatos. Ostoaga no era,
en efecto, el joven Werther goethiano.
Y mientras la izquierda abertzale homenajea y rinde tributo
a su patriota -cuánta náusea-, Joseba Azkárraga,
consejero de Justicia del País Vasco, busca responsabilidades
entre quienes no se mostraron conformes con su puesta en
libertad, es decir, entre el Gobierno y la mayor parte
de los medios de comunicación. Incluso hay quien
habla de terrorismo de estado. Manda huevos.
Así, el nacionalismo vasco, que es un nido de alacranes,
vuelve a hacer gala de su necedad y de su vocación
sediciosa. El desplome de valores parece absoluto. Únicamente
nos falta el fino análisis del mentor Arzallus,
que a estas horas aún no ha roto su silencio, o
sea.
El PNV vuelve, pues, a transformar las víctimas
en verdugos como Jesucristo convirtió el agua en
vino. Y de nuevo hace coincidir su discurso con el de ETA
en un momento de aflicción de la banda, cuando más
lo necesitan. Desde hace un tiempo todo vale en el camino
hacia Puerto Rico...
El mismo Anasagasti ha subrayado la posibilidad de que
se trate de un asesinato. ¿Cómo se puede
llegar a tal envilecimiento? ¿Hasta dónde
pretenden llegar los nacionalistas? Es exactamente lo mismo
que declaró el hermano del terrorista: "Se
lo han cargado". Y es que esta vez, incluso la reacción
de Batasuna ha sido de algún modo más comedida
que la del Gobierno vasco.
Existe aquí una cuestión ciertamente inquietante.
Y es que el PNV, tras absorber decenas de miles de votos
batasunos en las últimas elecciones, consciente
de que se trataba de un frente de conveniencia frente a
la alianza Mayor-Redondo, parece dispuesto a hacer lo que
sea por mantener ese electorado y seguir aglutinando al
entorno político de ETA en sus filas. Esto evidentemente
puede tener un precio muy alto pero hace mucho que los
atajos no importan en la consecución del fin soberanista.
Eguíbar, con su recia honestidad, lo dejó bien
claro: "Tengo más miedo a España que
a ETA".
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