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Guerra, petróleo y algunos analistas

Indomitus: La hipocresía de Bush y el oportunismo norcoreano

Suicidio y camaradería




 

 

Indómitus: La hipocresía de Bush y el oportunismo norcoreano

Hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial Corea había sido una colonia del Japón imperialista. Por aquellos tiempos de incertidumbre, cuando todo podía pasar, Carmencita Franco, en su mensaje navideño, saludaba con inocencia al führer y al emperador nipón desde una España gris y moribunda. Tras la victoria de los aliados, gracias -conviene recordarlo- a la intervención norteamericana, Corea quedó dividida en dos partes por el Paralelo 38. Se convertía así en todo un símbolo de la Guerra Fría.

El Norte, donde Kin Il Jung implantó un durísimo sistema de represión, se lanzó hacia la utopía comunista. Hoy es un país pobre, cerrado al exterior y sin la más mínima libertad. Lo dirige con mano férrea su hijo, Kin Jong Il, un personaje oscuro con grandes dotes para la excentricidad y un peinado a lo Bola del Dragón. Los pocos periodistas que han logrado infiltrarse entre grupos de empresarios y colaboradores de ONG's, especialmente durante los destellos de aperturismo que se produjeron en los 90, cuentan que el hambre es el principal problema. Cuentan también que los norcoreanos no se fían de nadie; y menos de un extranjero. Y que por las noches todas las luces se apagan. Todas menos los enormes monumentos que engrandecen la imagen de la joven dinastía de dictadores. Hay lecturas -1984, Orwell- que por su trágico vínculo con la realidad jamás podremos olvidar.

El Sur, si bien no fue en su origen un régimen democrático -los partidos de izquierda, por ejemplo, sólo podían existir en la clandestinidad-, presentaba ciertamente las formas para serlo. Eran los aliados de EEUU, los amigos del bloque occidental. Hay quien lo ha llamado pseudodemocracia. No se trata de eso: los españoles sabemos por experiencia que el liberalismo no se construye de la noche a la mañana. Desde hace más de una década Corea del Sur es un país plenamente libre y disfruta de una buena situación económica. Los europeos conducimos sus vehículos importados, ha expandido su industria por todo el mundo y hace de anfitriona para grandes eventos internacionales como las Olimpiadas o el mundial de fútbol. -Qué frivolidades, balbucearán algunos resentidos.

El momento, sin duda, más delicado del enfrentamiento fraticida se vivió en 1950 cuando la Corea estalinista o cainita invadió, en una rápida y aplastante operación, a esa hermana del sur que sonreía al capital. En tan sólo unas horas las banderas rojas llegaron a Seúl. Y es que Corea del Norte, a pesar de ser más pobre, tenía más poder
militar. Estados Unidos, con una fuerza multinacional dirigida por el general MacArthur (que fue más tarde destituido de forma fulminante por Harry Truman debido a su empeño en atacar a la China maoísta) , restableció en el verano de 1953 la frontera del Paralelo 38.

Tras los atentados del 11 de Septiembre, Bush, con su habitual gazmoñería, lanzó ese discurso puritano y maniqueísta sobre el siniestro Eje de Mal. Corea del Norte era uno de los países que lo integraban. Pero, como sabemos, el principal objetivo es Irak, un país rico en petróleo. Y en medio, un misterio tras el que se esconden, de nuevo, los voraces intereses del Tío Tom: el barco norcoreano -interceptado por el ejército español- que se dirigía repleto de misiles a Yemen y que EEUU ordenó que dejásemos marchar.

Así, mientras suenan tambores de guerra en el Golfo Pérsico, Corea del Norte quita los precintos de sus centros de energía, expulsa a los inspectores de turno e incluso adopta una actitud beligerante. Ya en la era Clinton amenazó con abandonar el Tratado de No Proliferación de Armas Atómicas de 1968 -que, por cierto, Israel, India y Pakistán se han negado a firmar- y consiguió a cambio un millón de toneladas de alimentos. La actual situación invitaba, sin duda, al oportunismo. De fijo que EEUU extiende un buen cheque.

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