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Guerra, petróleo y algunos analistas

Tras la resaca de la primera manifestación global, en la que participamos millones de personas, surge de nuevo una cuestión que yo creía tener resuelta. ¿Es esta una guerra por petróleo? Álvaro Delgado-Gal, en una Tercera publicada en ABC, señala que no es el petróleo, sino la lucha contra el terrorismo, lo que alimenta el fervor guerrero norteamericano. Señala, asimismo, que ningún agente económico racional se metería en esta peligrosa guerra pensando en la ganga del oro negro. Y que el propio Dick Cheney había luchado contra las sanciones durante su etapa en la compañía petrolera Halliburton. Lo que no menciona nuestro analista es que el vicepresidente Cheney formó parte en los setenta -junto con el actual secretario de Defensa, Rumsfeld - del equipo del presidente Gerald Ford, un gobierno que sufrió el duro embargo de petróleo árabe que se inició en 1973. Estos datos son realmente importantes, pues nos hacen suponer cuáles son las preocupaciones de algunos de los actuales altos miembros de la Administración Bush.

No obstante, lo cierto es que Delgado-Gal es un intelectual clarividente. Al menos, a veces. El artículo se titulaba Unas gotas de Acíbar. No comparto su opinión -a pesar de los rodeos es una opinión probélica-, pero creo que sus argumentos amargan la maniqueísta alegría de los pseudoprogres. Y eso, de algún modo, está bien. Está bien sobre todo cuando uno ha salido a las calles a decir no a la guerra y se ha encontrado a no pocos insensatos insultando a nuestra policía o reivindicando estupideces como la vuelta de Caiga Quien Caiga a las pantallas. Es importante que no se confundan. Pero no quiero desviarme: sigamos indagando.

Jesús Cacho apunta en la misma línea que Delgado-Gal en su artículo "Guerra por petróleo, quizá el argumento más demagógico en torno a la crisis iraquí", publicado en elconfidencial.com . Cacho, antiguo capitán de la Marina Mercante y colaborador de Jiménez Losantos, apunta, entre irónico y arrogante, que esta opinión es la de los listos, los que están de vuelta, los que se las saben todas. Apunta, además, que Sadam le vendería al Tío Tom todo su petróleo si no fuese por las sanciones que Washington le impuso por incumplir las resoluciones de la ONU. Y nos recuerda que las compañías petrolíferas deseaban ver levantadas esas sanciones.

Llegados a este punto lo obvio es que si se acaba con Sadam (asesinando a miles de víctimas inocentes), se acaba también con las sanciones. Suponemos que las compañías quedarán contentas. Pero Cacho hace trampas y cita unos datos del estudio del James A. Baker III Institute (Rice University) que reflejan que el restablecimiento de la producción de crudo iraquí al nivel de los 3,5 millones de barriles diarios -anterior a los 90- costaría 5.000 millones de dólares y no menos de tres años de trabajos. Los datos son efectistas, pero es probable que se trate de una buena inversión: después de todo el país que oprime Sadam alberga las segundas mayores reservas del mundo.

Aún así, queda claro que Cacho no recoge más datos de este informe y, sin embargo, Jeffrey D. Sachs, catedrático de Economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia, sí lo hizo en un artículo que El País publicó unas semanas antes. En este artículo -también con título directo: "El petróleo es el motivo de Estados Unidos para la Guerra"- el profesor nos advierte que en el informe del James Baker III se dejan claros dos puntos. Irak es esencial para el suministro de petróleo desde Oriente Próximo. Y EEUU necesita este petróleo por razones de seguridad económica, aunque por razones de seguridad militar no puede permitir que Husein lo desarrolle. Necesita, pues, un cambio de régimen en Irak para su seguridad energética.

El artículo de Sachs nos recuerda otros hechos de interés. En primer lugar, el golpe contra el primer ministro iraní Mussadegh. En 1951 Mussadegh nacionalizó la industria del petróleo, lo que provocó el boicoteo británico y la ulterior intervención de EEUU. El popular primer ministro fue entonces derrocado y enviado a prisión. En segundo lugar, el apoyo occidental a la intervención militar en Argelia cuando, a principios de1992, el Frente Islámico de Salvación (FIS) estaba apunto de llegar al poder a través de las urnas. Parece que entonces importaba muy poco la democracia. Este golpe militar respaldado por EEUU estuvo, por cierto, liderado por Francia. Y hoy pretende vendernos una vocación pacifista...

Por último, recojo la visión de la revista The Economist -enemiga acérrima de la dictadura de Husein- sobre el conflicto. En un artículo publicado recientemente apunta: "Si Irak produjera al nivel que permiten sus reservas, acabaría con la dominación saudita. Y esa situación sería más que bienvenida en Estados Unidos, el mayor consumidor de petróleo del mundo. Los dirigentes estadounidenses creen que, cuando se trata de crudo, seguridad y certeza sólo se consiguen con más y más fuentes disponibles".

Y mientras, Aznar, ciego e ingenuo, se cree cerca del Imperio. La historia le pasará factura. Cree de verdad que todos los caminos llevan a Roma.

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